23.11.13



Rachel Denton era vicedirectora antes de convertirse en ermitaña

















La moderna ermitaña
que vive en una casa adosada.

por Rebecca Sandiford

- 2013 –

Asentada más allá de las extensas estancias en Lincolnshire y de una serie de casi infinitas sendas angostas, se encuentra una casa adosada [end-of-terrace] de ladrillos rojos, parte de un antiguo ayuntamiento y el hogar de una ermitaña británica.

Vestida simplemente con un largo tabardo, con una top y una falda blancas y apoyada sobre un retorcido bastón para caminar, Rachel Denton luce fuera del tiempo.

Pero esta mujer de 50 años es parte del presente y celebra una vida de soledad, silencio y oración, usando la tecnología digital para mantener sus votos y su ermita.

“A una parte de mí le gustaría vivir en una cueva en la cima de una montaña y no ver a nadie nunca más, sin tener una cuenta abierta en Facebook y sin Twitter, pero la realidad es que si deseo sustentar mi forma de vida, la tecnología me da la posibilidad de hacerlo”, afirma.

Durante quince años Rachel fue maestra y luego directora adjunta [deputy head teacher] en Cambridgeshire, tras lo cual abandonó todo hace ya doce años para vivir una vida contemplativa de silencio como una ermitaña católico romana.

Rebelde.

La palabra ermitaño deriva del griego eremite, que significa “del desierto”. Los ermitaños han inspirado la literatura y cultura popular a lo largo de los siglos, desde la época de los romances medievales hasta The Fairie Queene, de Spenser; hasta Tolstoi, Nietzsche e incluso Star Wars y Monty Python.

La marca personal de la vida de ermitaña de Rachel requiere de cierto grado de autosuficiencia. Ella cultiva sus propias verduras y consume muchos huevos revueltos gracias a sus dos gallinas. Para sus ingresos, da talleres de caligrafía y tarjetería desde su casa.

Su alto nivel de alfabetización digital distingue su particular forma de vida, haciendo que Rachel se mantenga ligada al mundo exterior, facilitando su negocio y permitiéndole mantener las relaciones con su familia y sus amigos.

Aunque se ha retirado hacia una vida solitaria, Rachel todavía se mantiene dentro de la comunidad del mundo. Tiene 86 seguidores en Twitter y concede sus mensajes varias veces por mes. Los medios virtuales son un lazo vital al mundo exterior. Su espacio en Twitter dice: “Los tweets son raros pero también preciosos”.

“Nadie se había interesado en mí en lo más mínimo hasta que me convertí en ermitaña”.

“Como un toque de la muerte”.

“Es como un toque de la muerte. Nadie se había interesado en mí en lo más mínimo hasta que me convertí en ermitaña”, dice y se sonríe. “En parte, es porque se trata de algo que se rebela. Es como decir que no voy ser conformista. Y también porque la soledad es algo a lo que mucha gente le teme, pero les gustaría saber cómo es”, continúa.

Al contrario de una vida pasiva, pesada o incluso afligida como algunos podrían imaginar, Rachel experimenta la vida en soledad como una divertida aventura: “Todo el tiempo es un desafío. Es emocionante a su manera, es explorar algo que no muchas personas han experimentado. Está presente este sentido de aventura: ir hacia lugares que casi no han sido tocados”. 

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Sugerencias de la ermitaña Rachel para vivir en soledad.

 - Hacé de tu hogar el lugar que quieras que sea.

- No te preocupés por lo que las demás personas digan. No tiene importancia.

- Apagá la televisión, la música y la radio. Todos los días pasá unos minutos en soledad y en silencio.

- Poné atención a tu habitación o a tu jardín, apreciá su belleza única y todos los días relajáte en ese espacio por unos momentos.
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Rachel se ha sentido atraída por la vida solitaria desde que era una nena. Cuando era joven era difícil que se la escuchara. Disfrutaba de la seguridad y agrado de su propio espacio tranquilo por sobre las ruidosas peleas de sus cinco hermanos; todos vivían en una casa algo alejada y de tres dormitorios, en Stockport. 

Criada como una católica romana, Rachel pasó un año de su vida como monja carmelita, lo cual la introdujo en el silencio y la soledad a la vez que a la vida comunitaria: “Había énfasis en la soledad, pero era una forma de vida comunitaria. Eso me resultó increíblemente difícil. Llegué a comprender que ese tipo de vida significaba cierto tipo de muerte para mí; pues esa era una idea trasplantada. Dentro de mí tenía la fuerte sospecha de que si hacés a un lado toda la fantasía y cursilería, todas las facciones y sus actividades, el estar viva era suficiente. Descubrí que era así estando en el Carmelo, pero no lo era junto a las otras dieciséis mujeres del edificio”.

Fue un sacerdote quien finalmente la ayudó a reconocer su vocación. Cierto día, hablando sobre la vida ermitaña, él pudo notar cómo se encendía su rostro cuando mientras se expresaba. Entonces le sugirió que explorase esa forma de vida.

Agradecer a Dios.a

Rachel ahora pasa su tiempo viviendo en la simplicidad de la oración y la contemplación, junto a sus gatos, gallinas y su parcela de verduras. Ve a sus amigos y a su familia una o dos veces al año, e incluso da clases personales, pero siempre vuelve del mundo a su lugar solitario “esperando agradecer a Dios”. a

No existe una guía para la vida solitaria. Ni tampoco reglas eremíticas oficiales. Rachel dice que cuando le preguntó al obispo si podía profesar los votos como ermitaña, la primera reacción de éste fue decirle que la Iglesia Católica no hace ermitaños. Solo después de que ella le mostrase las referencias en el Código de Derecho Canónico, el obispo cambió de opinión. Rachel entonces tomó los votos de pobreza, obediencia y castidad, a los cuales ellas interpretó como simplicidad, soledad y silencio.
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Ahora es una ermitaña oficialmente reconocida por la diócesis católico romana de Nottingham. Aunque admite que si bien se guía por una regla de vida, hay momentos en que debe mejorarla según avanza en su camino: “Es parte de la inconformista senda del ermitaño, que cada uno resuelve a su manera. No se sigue a nadie excepto a Jesús. Lo eremítico se halla dentro de cada uno de nosotros y para algunos, como yo, se convierte en una forma de vida”.

Ella tiene tres reglas para vivir como ermitaña. Primero, vivir en la simplicidad de la soledad y el silencio, permaneciendo y regresando a ella en la medida de las obligaciones. Segundo, ganar lo suficiente para vivir, intentando permanecer en la soledad y el silencio. Y tercero, rezar todos los días.

La mayor parte de su trabajo y el contacto con su familia y amigos los realiza online. Y aunque razones prácticas la llevan aquí o allá al menos una vez por semana, también pasa días sin hablar; y dice que la soledad le brinda su energía y felicidad.

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Orígenes de los ermitaños.

- El término ermitaño designa a un cristiano recluso de los primeros tiempos o a cualquiera que viva en soledad.

- El término deriva del antiguo francés hermite, del latín tardío eremita y del griego eremites, cuyo significado es: “vivir en el desierto”.

- la Iglesia Católica reconoce a los ermitaños en su Código de Derecho Canónico como “alguien dedicado a Dios dentro de una vida consagrada si ella o él profesan los tres votos evangélicos, confirmados a través de un voto o lazo sagrado, en las manos del obispo, a la vez que observan su propio plan de vida bajo la dirección de éste”.

- Un ermitaño católico romano crea su propia regla de vida bajo la dirección de su obispo diocesano.

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 “Una nueva antena”

“Me siento rejuvenecida cuando vuelvo al mundo, siento mucha satisfacción en los breves periodos que paso en el mismo, pero es porque son breves”, afirma. Y continúa: “Se dice que a medida que crecés en la vida de ermitaño lográs llevar esa vida dentro de vos. Siempre pensé que eso significaba poder sentarme tranquilamente y sostener pensamientos contemplativos incluso si las personas estuviesen a mi alrededor. Pero la vida ermitaña que llevo conmigo es esta exterioridad, esta habilidad para estar con las personas con mayor facilidad. Se trata de sentarme en el colectivo y mirar a las otras personas y pensar lo maravillosa que son sus vidas. Es como si se te hubiesen dado nuevas antenas para reconocer lo bello del mundo”.

“Puedo ver a un anciano contando el cambio, viendo cómo alguien le da el vuelto correctamente  y es allí que hay algo agradable y exquisito, en la forma en que lo hace: en sus acciones, en sus procesos mentales y en la satisfacción de su sonrisa. Es ese sentido de ser capaz de ver lo mejor en casi todas las situaciones y de comprenderlas a todas como un don”.

Después de cierta agitación inicial, la familia de Rachel ahora la apoya. El reconocimiento oficial de la Iglesia también ha ayudado a que ellos comprendan su elección. Ellos y los medios digitales.

En el pasado, cuando Rachel iba a misa una o dos veces por semana, veía que tenía poco en común con sus amigos. Sin embargo, dice que gracias a Facebook ahora es capaz de apreciar sus vidas desde la distancia, ahora interactúa con ellos y mantiene algunas conversaciones. Sabe que una de sus amigas ha escrito un libro o que otra ha tenido un bebé. Ella se mantiene conectada con el mundo –y con sus consumidores- a través de los medios.

A Rachel le encanta su viaje al desierto de los Padres, al de los primeros cristianos que vagaban por el desierto egipcio. Ella describe su hogar como “la cabaña al borde del desierto”. A diferencia de aquellos que podrían temer a la existencia solitaria, Rachel la abraza con entusiasmo. “Me siento muy emocionada con ella”, sostiene mientras sonríe.

Cuando le pregunto qué es lo que la vida en soledad le proporciona, Rachel es categórica: “Me concede gratitud. Hace que sea agradecida desde el momento en que me levanto hasta el momento en que vuelvo a la cama”. 

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Sandiford Rebecca (18 de octubre del 2013). The modern hermit living in an end-of-terrace house, BBC – Religion and Ethics.



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