23.6.17


Vāyu sólo volverá cuando sea convocado y obtenga apoyo.
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17.6.17


Postulo ad vos, Christifidelibus.

Aunque no se perciba de continuo, este simple espacio virtual requiere de diversas lecturas, de meditaciones y de oraciones. Y a pesar de que su resultado no sea el más deseado ni mucho menos perfecto, exige de un tiempo y esfuerzo que con frecuencia al autor le resulta difícil de obtener. El espacio es esencialmente informativo, por supuesto, pero quisiera resaltar y profundizar aún más su carácter de instrucción y dirección espiritual. Para ello, el autor requiere no sólo de estar provisto de la capacidad de discernimiento y del consejo justo (ya adquirido o infuso), sino más bien que tales dones estén enraizados en su propia experiencia viva e íntima de comunión con Cristo. Tal como lo anota nuestro doctor mysticus, san Juan de la Cruz:  

Quanto a lo primero convienele grandemente al alma que quiere aprovechar, y no volver a atras, mirar en cuyas manos se pone porque qual fuere el maestro, tal sera el discipulo, y cual el padre tal el hijo, y para este camino, a lo menos para lo mas subido en el, y aun para lo mediano apenas hallara una guia caval segun todas las partes que ha menester, porque ha menester ser sabio y discreto, y experimentado, porque para guiar el espiritu aunque el fundamento es el saber y la discrecion, si no hay esperiencia de lo mas subido no atinaran a encaminar al alma en ello, quando Dios se lo da, y podrianle hacer harto daño, porque no entendiendo ellos las vias del espiritu, muchas veces hacen a las almas perder la uncion de estos delicados unguentos, con que el espiritu santo las va disponiendo para si, por otros modos rateros que ellos han leido, porque ay algunos que no sirven sino para principantes […]
En cuanto a lo primero [al maestro espiritual], conviene mucho que el alma que quiera avanzar sin retroceder, observe bien las manos de aquel a quien se confía; porque según sea el maestro, será el discípulo; y según sea el padre, será el hijo. Pues para este camino, al menos para su parte más empinada (y aún para la media), difícilmente podrá hallar un guía confiable en todo lo que habrá de requerir; ya que aquel necesitará ser sabio, discreto y experimentado. Pues, si bien el saber y la discreción son fundamentales para poder guiar a un espíritu, si no existe una auténtica experiencia de lo más elevado, no sabrán encaminar hacia ese lugar a ningún alma que Dios les dé. E incluso podrían hacerle mucho daño, pues al no entender ellos mismos los caminos del espíritu, muchas veces hacen que las almas pierdan la unción -por ciertos medios innobles que no sirven sino para principiantes- de aquellos delicados unguentos con los que el Espíritu Santo las va disponiendo para sí […]         

Por lo tanto, a fin de que sea verdaderamente capaz de instruir y de guiar a otras almas en lo que respecta a la vida eremítica, el autor debiera ser un experimentado cultor de tan antigua forma de existencia cristiana. Pues, digámoslo sinceramente, ¿cuántos eremitas hay en la actualidad que, debidamente formados y maduros, pueden velar por otros como él y por la comunidad de creyentes en general? Si sólo consideramos a los sacerdotes, su orientación ad extra es tan marcada que habitualmente desconocen incluso el canon 603 del CIC; qué decir de sus implicancias, su correcta aplicación y la debida dirección de quienes sienten este particular llamado.  
  
Si tú, desde el país que sea, te has visto informado o inspirado por el contenido de este espacio y deseas que el mismo alcance la altura por la que su autor suspira, por favor, considera brindarle tu apoyo de la siguiente manera.

Además de la oración, y bajo tu digna condición de católico, envíale un sencillo mensaje a S.E.R., Cardenal Mario A. Poli (Arzobispo de Buenos Aires), a través de la persona de Mons. Joaquín M. Sucunza (Vicario General), solicitándole tenga a bien concederle al autor una audiencia a los fines arriba señalados; de tal manera que, ayudado por nuestro pastor, pueda también él seguir ayudando a nuestros hermanos. 

Gracias.

Direcciones:


15.6.17























Quærite septimus panis.

Iam vero, ne longius protraham vos, ſeptem panes quibus reficiamini, iſti ſunt. Primus panis, verbum Dei; in quo vita hominis eſt, ſicut et ipſe teſtatur. Secundus panis, obedientia eſt; quoniam meus cibus eſt, inquit, ut faciam voluntatem eius qui miſit me. Tertius panis, meditatio ſancta, de qua ſcriptum eſt: Cogitatio ſancta conſeruabit te; et æque alio in loco nominari videtur panis vitæ et intellectus. Quartus panis, orantium lacrymæ. Quintus vero, pœnitentiæ labor eſt. Nec miraberis, quod laborem aut lacrymas panem dixerim, niſi forte excidit tibi quod in Propheta legiſti: Cibabis nos pane lacrymarum; et item in alio pſalmo: Labores, inquit, manuum tuarum quia manducabis, beatus es et bene tibi erit. Sextus panis eſt iucunda unanimitas ſocialis; panis, inquam, ex diverſis granis confectus, fermentatuſque gratia Dei. Porro ſeptimus panis eſt euchariſtia; quoniam panis, inquit, quem ego do, caro mea eſt pro mundi vita.

In Dominica VI poſt Pentecoſten, Sermo I, ſancti Bernardi, abbatis Claræ-Vallenſis.


Busquen el séptimo pan.

Ahora, en verdad, sin hacerlos esperar más, estos son los siete panes que nos renuevan. El primer pan es la palabra de Dios, en donde está la vida del hombre; tal como se evidencia en ella misma [1]. El segundo pan es la obediencia, según se dice: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió” [2]. El tercer pan es la sagrada meditación, de la que está escrito: “La santa reflexión te sostendrá” [3]; y de similar manera, en otro lugar se lo llama también pan de vida y de comprensión [4]. El cuarto pan son las lágrimas de la oración. El quinto, en verdad, es la labor de penitencia. No te has de sorprender porque tal labor y lágrimas se denominen pan; a menos que hayas olvidado lo que leíste en el profeta: “Nos alimentas con pan de lágrimas” [5]; y también lo que se dice en otro salmo: “Cuando comas de la labor de tus manos, te sentirás dichoso y te irá bien” [6]. El sexto pan es el gozoso consenso social; se dice que este pan está compuesto de diversos granos y que su fermento es la gracia de Dios [7]. Luego, el séptimo pan es la eucaristía, de la que se dice: “El pan que doy por la vida del mundo, es mi carne” [8]. 

Sermón I del sexto domingo después de Pentecostés, de san Bernardo, abad de Claraval.

1. Lc. 4:4 | 2. Jn. 4:34 | 3. Prov. 4:6 | 4. Eclo. 15:3 | 5. Sal. 80:5 | 6. Sal. 128:2 | 7. Se lee también: ſapientia Dei. | 8. Jn. 6:51.



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