9.12.13




Carl Jung: “Existen los demonios, sí”

por Frank DeMarco

- 2010 –

Hay una cita de Carl Jung, de hace mucho tiempo ya, que creo es muy apropiada para nuestra época. Proviene del libro C.G. Jung Speaking, editado por William McGuire y R.F.C. Hull, en el volumen Nº97 (XCVII) de las publicaciones de la Bollingen Series.

La entrevista con Peter Schmid fue publicada el 11 de mayo de 1945 –cuatro días antes de la rendición incondicional de Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial-, en un periódico de Zürich bajo el título: ¿Podrán las almas hallar la paz?. Pienso que esta ocasional profecía de Jung sobre el peligro que enfrentaban los victoriosos norteamericanos se vio totalmente cumplida en las décadas posteriores. De hecho, con frecuencia pareciera que la mayoría de personas no ha comprendido que nosotros, no menos que los rusos, hemos sucumbido al poder de los demonios. Empieza Jung señalando lo siguiente:

Los alemanes de hoy en día son como ebrios que se despiertan al día siguiente con una fuerte resaca. No saben lo que han hecho y no lo quieren saber. El único sentimiento es el de una interminable miseria. Y harán esfuerzos agitados por restituirse frente a las acusaciones y el odio del mundo circundante, pero esa no es la manera adecuada. La única vía de redención se halla, como ya lo señalé, en una total admisión de la culpa: “¡Mea culpa, mea culpa!”. A partir de un sincero acto de contrición viene luego la gracia divina. No se trata solo de una verdad religiosa sino también psicológica. El tratamiento norteamericano de conducir a la población civil a través de los campos de concentración y permitirles ver todas las abominaciones allí cometidas es acertado. Pero el solo ejemplo no debería llevarse a casa con una instrucción moral, el arrepentimiento debe provenir desde el interior de los propios alemanes. Es posible que fuerzas positivas emerjan de la catástrofe, que a partir de esta introversión surjan una vez más los profetas, pues los profetas son una característica de estas extrañas personas como lo son los demonios. Cualquiera que cae tan bajo posee profundidad. Con toda seguridad habrá una milagrosa incursión de almas para la Iglesia Católica (la Iglesia Protestante está muy dividida). Existen informes de que la miseria general ha vuelto a despertar la vida religiosa en Alemania: comunidades enteras se arrodillan al anochecer implorando a Dios que los libere del anticristo.

Entonces, ¿se puede esperar que los demonios sean expulsados y que un nuevo y mejor mundo surja en el camino?

No, los demonios no han sido expulsados, ésa es una difícil tarea que todavía queda por delante. Ahora que el ángel de la historia ha abandonado a los alemanes, los demonios buscarán una nueva víctima. Y eso no será difícil. Todo hombre que pierde su sombra, toda nación que cae en el fariseísmo [self-righteousness] es su presa. Nos gusta el criminal y tenemos un apasionado interés en él debido a que el demonio nos hace olvidar del tronco en nuestros ojos para observar la paja en los de nuestro hermano, y así se burla de nosotros. Los alemanes se recuperarán cuando admitan su culpa y la acepten. Pero los demás serán víctimas de posesión si, en su horror ante la culpa alemana, olvidan sus propias faltas morales. No deberíamos olvidar que la misma y precisa tendencia fatal a la colectivización de los alemanes se halla presente en las naciones victoriosas: súbitamente pueden ser víctimas de los poderes demoníacos. La “sugestionabilidad general” juega un tremendo papel en la Norteamérica de hoy, y la manera en que los rusos se han visto fascinados por el demonio del poder es fácilmente observable a partir de los recientes sucesos, todo lo cual debe desalentar un poco nuestra alegría por la paz. Los más sensibles en este sentido son los ingleses: su individualismo los salva de caer bajo el slogan; y los suizos comparten su sorpresa ante la irracionalidad colectiva.
 
Entonces, ¿debemos esperar con ansias y ver el camino que los demonios siguen?

Ya he sugerido que la única salvación reposa en la sistemática tarea de educar al individuo. Y no es algo irremediable como podría aparentar. El poder de los demonios es inmenso, y los más modernos medios de sugestión masiva: la radio, el cine, etc., están a su servicio. Pero la cristiandad ha sido capaz de mantenerse contra un abrumador adversario no a través de la propaganda y la conversión masiva –que vino posteriormente y fue de poco valor- sino mediante la persuasión de persona a persona. Y ése es el camino que debemos seguir si deseamos conquistar a los demonios.
 
Al final de la entrevista, Jung añadió:

No envidio para nada la tarea que tenés al escribir sobre estos temas. Espero que puedas presentar mis ideas de tal manera que la gente no las encuentre demasiado extraña. Por desgracia, es mi destino el que otras personas, en especial las poseídas por demonios, piensen que estoy loco debido a que creo en estos poderes. Pero ése es asunto suyo. Yo sé que ellos existen. Existen los demonios, sí, tan cierto como que existe un Buchenwald.
...

DeMarco Frank (07 de abril del 2010). Carl Jung: “There are demons, all right”, Hologrambooks.com

N. del T.: el autor es escritor y editor de Hampton Roads Publishing Company, Inc. Buchenwald fue uno de los más grandes campos de concentración en territorio alemán. Estuvo en funcionamiento desde julio de 1937 hasta abril de 1945 en la colina de Ettersberg, cerca de la ciudad de Weimar. En total se estima que estuvieron presas unas 250.000 personas procedentes de todos los países de Europa. Para la época de esta entrevista, Carl Jung tenía cerca de 70 años.


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