1.7.15




Este valioso artículo que viene a continuación proporciona muchos enlaces que, lamentablemente, están en inglés o francés. Gradualmente, según pueda y en la medida en que los considere oportunos, iré traduciendo algunos de los mismos.

Por otra parte, si algunos de ustedes perciben el llamado a la existencia solitaria, han de ser suficientemente prudentes al elegir al sacerdote que habrá de guiarlos y al obispo que podría consagrarlos. Junto a la oración interna y la humildad, traten de buscar las marcas de madurez y sabiduría en el diálogo que puedan mantener con ellos, pues son muchos los miembros eclesiásticos que desconocen, conocen poco o no son favorables a esta forma de vida. Además, a nadie escapa la triste realidad de la antigua sombra rastrera merodeando en torno a la conciencia de ciertos hombres de nuestra Iglesia.

Les recomiendo abrir una ventana paralela a fin de seguir adecuadamente las referencias.

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Los eremitas y la Iglesia Católica Romana.


Recuperando una antigua vocación.


por Carol McDonough.

En octubre del 2014, S.S. el Papa Francisco, escribió una carta estableciendo que el Año de la Vida Consagrada “concierne no solo a las personas consagradas sino a toda la Iglesia”. Sus objetivos eran “mirar al pasado con gratitud, vivir el presente con pasión y abrazar el futuro con esperanza” [1]. Sus comentarios tuvieron particular importancia para aquellos llamados a recuperar la antigua tradición de la vida eremítica, tanto laica como consagrada.

Al principio, la vocación que llamaba a expresar a través de la propia vida la tradición eremítica iniciada por san Antonio del Desierto [2], fue predominantemente un movimiento laico; solo a unos pocos sacerdotes y eruditos les resultaba atractiva. En la actualidad, aún existen alrededor del mundo muchos eremitas cristianos –incluyendo católicos romanos- que son laicos y que viven su vocación de manera privada, ya sea con votos o sin ellos [3]. Aunque en la Iglesia Católica Romana, su reciente legislación canónica, sus encíclicas y su catecismo han originado nuevas oportunidades para que los eremitas y solitarios vivan bajo la autoridad de un obispo o bajo obediencia a una orden o instituto religioso en particular.

Tras la casi desaparición de los visibles eremitas del occidente entre los siglos XVI y XIX [4], los eremitas-sacerdotes lentamente comenzaron a regresar a principios del s. XX, con frecuencia luchando para obtener el permiso diocesano a fin de realizar su primer intento y luego para continuar viviendo en tal difícil vocación [5]. Incluso a fines del s. XX, la capacidad de las iglesias occidentales para comprender y apoyar la tradición eremítica antoniana seguía siendo inestable; en tanto que en las comunidades ortodoxas la transmisión cultural se ha mantenido de manera continua desde el s. IV.

En la Iglesia Católica Romana, dos órdenes eremíticas fundadas en el s. XI: la cartuja y la camáldula, siempre han dado la bienvenida a las vocaciones auténticas. Y durante el s. XX, el carisma eremítico de franciscanos y carmelitas –ambos fundados en el s. XIII- logró recuperarse y se formaron nuevas comunidades eremíticas bajo una renovada legislación canónica que las hacía posible. Antes de la exhortación apostólica de 1996 de Juan Pablo II: Vita Consecrata, que claramente reconoce a la vocación eremítica, algunos religiosos tenían que abandonar sus comunidades para convertirse en deliberados solitarios. Posteriormente, las órdenes e institutos crearon lugares para que los ermitaños pudiesen permanecer siendo miembros de sus respectivas comunidades. Las tradiciones eremíticas fueron lentamente recuperadas por tales miembros de las comunidades occidentales, quienes verdaderamente experienciaban este extraño llamado o lo afianzaban a través de la investigación; entre tales personas hubieron obispos, sacerdotes, monjes y laicos, así como académicos y abogados canonistas. Fueron las vidas y los escritos de estas personas las que proveyeron de suficiente ímpetu al tema, a fin de que sea elevado y tratado en el Vaticano II. Y es así que, en 1993, el facultativo canon sobre la “vida eremítica” (can. 603) fue dispuesto en el Código de Derecho Canónico, bajo el apartado de Normas comunes a todos los institutos de vida consagrada [6]. Los fieles cristianos que se sentían llamados a la vida eremítica, se veían facultados por tal canon para “un apartamiento mayor del mundo a fin de dedicar sus vidas a la alabanza de Dios y a la salvación del mundo a través del silencio de la soledad” [7]. En su Vita Consecrata, Juan Pablo II escribió:

Es motivo de alegría y esperanza ver cómo hoy vuelve[n] a florecer […] los eremitas y las eremitas, pertenecientes a órdenes antiguas o a institutos nuevos o incluso dependientes directamente del obispo, quienes con su separación interior y exterior del mundo testimonian el carácter provisorio del tiempo presente […] Esta vida “en el desierto” es una invitación para los demás y para la misma comunidad eclesial a no perder de vista la suprema vocación, que es la de estar siempre con el Señor [8].

Y el catecismo de 1992 establece que:

Sin que profesen siempre los tres consejos evangélicos de manera pública, los ermitaños, “con un apartamiento más estricto del mundo, el silencio de la soledad, la oración asidua y la penitencia, dedican su vida a la alabanza de Dios y a la salvación del mundo” (CIC, can. 603- 1).
Los eremitas presentan a los demás ese aspecto interior del misterio de la Iglesia que es la intimidad personal con Cristo. Oculta a los ojos de los hombres, la vida del eremita es predicación silenciosa de Aquel a quien ha entregado su vida, porque Él lo es todo para él [9].

El nuevo canon establecido y su explicación presente en el catecismo, así como su afirmación en otros documentos del Vaticano (como en el Vita Consecrata), autorizan a los obispos diocesanos a consagrar eremitas y anacoretas, ya sean éstos laicos, sacerdotes diocesanos o ex religiosos; y han de hacerlo luego de una rigurosa evaluación del sentido manifiesto en el llamado del candidato, tras una larga formación de éste y después de la debida aprobación eclesiástica de su respectiva regla de vida. 

La vocación.

Antes de haberse visto interrumpidas por el llamado al eremitismo, la existencia de los candidatos al mismo -así como su formación, su trabajo y servicio- puede que se hayan venido desplegando en cualquiera de los caminos de vida propios de los laicos, sea como solteros o casados; o pueden que hayan sido sacerdotes o religiosos. Pues, tal como lo enseñó Jesús: “El viento sopla donde quiere. Puedes escuchar su sonido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así sucede con todo aquel que ha nacido del Espíritu” (Jn. 3:8). Sucede así también con todo lo que se ve movido “por el espontáneo y sorprendente aumento de las vocaciones solitarias” [10].  Hoy existen todo tipo de eremitas católico romanos: algunos dependen de su obispo, algunos son miembros de órdenes o institutos, otros viven en parroquias, otros en hogares comunes; siempre escondidos e inadvertidos, viviendo fielmente su intimidad con Cristo por el bien de la Iglesia y del mundo.

Hablando sobre cómo en particular las mujeres están volviendo a abrazar la soledad, Bernadette Flanagan observa que:

Dentro de las expresiones del nuevo monaquismo […] la rama eremítica se halla bien representada […] profundamente inspirada en la vida de los eremitas del desierto del siglo tercero, pues el anonimato que las desérticas ermitas les proveyeron a aquellos está igualmente disponible […] en la inmensidad de la ciudad moderna [11].

La evaluación de una vocación eremítica incluye no solo el discernimiento general de las cualidades emergentes o ya existentes en la persona que está siendo examinada y formada hacia la consagración eremítica, sino también la observación de la manera en que los gozos de su vida anterior se han ido apartando para verse reemplazados por deseos de soledad, simplicidad, cuidado interior y respuesta a Dios. Este “apartamiento” es un signo de la contemplativa vocación solitaria. Los cambios en la vida interior de alguien –en la medida en que dependen de Dios- así como su orientación externa y su conducta, han de ser evaluadas por un sacerdote, por un director espiritual o por una comunidad religiosa.  

En cuanto a los sacerdotes diocesanos, su llamado ha de ser evaluado por el obispo. Tras ser así evaluados, puede que algunos se vean capacitados para vivir la vida eremítica sin profesar los votos del canon 603; otros puede que la reciban según el canon a partir de un llamado personal o por uno proveniente del obispo. Otros puede que se conviertan en eremitas-sacerdotes siendo huéspedes de (o viviendo “tras”) una comunidad religiosa, dentro de su propiedad. Unos pocos sacerdotes diocesanos se han convertido en pioneros de nuevas comunidades eremíticas, algunas de las cuales han sido erigidas como Institutos Religiosos de Derecho Diocesano [12].

Para los religiosos (incluyendo a los sacerdotes), el llamado a la soledad y a una oración más profunda es posible que sea vivida manteniendo los votos ya existentes y con la debida obediencia; es decir, según el acuerdo que logren con la dirección de su comunidad y de su capítulo. Si su orden o instituto es incapaz de acomodar una vocación solitaria dentro de la determinada expresión de su carisma fundacional, la situación puede que conduzca a la exclaustración (al permiso para vivir fuera de la comunidad, sea manteniendo o abandonando los votos y la obediencia). Algunos ex religiosos han vuelto a ser recibidos bajo el canon 603. Los religiosos a los que se les permite abrazar la soledad, siguen el camino de formación señalado por san Benito en el s. V: primero, la formación comunitaria a través de la vida monástica; luego, la vida eremítica o el camino que él consideraba como propio del “segundo tipo de monjes” [13].

Para los laicos, el discernimiento puede se vaya desplegando con el correr de muchos años. Si su formación primaria ha tenido lugar a través de la vida secular, su formación secundaria será dentro de la vocación eremítica, aunque establecida en una diócesis específica. Una persona con una vocación eremítica probada podría –finalmente- permanecer en el terreno privado, sea sin votos o con ellos; o podría efectuar promesas simples durante una misa parroquial. Para convertirse en un eremita canónico, la persona debe ser aceptada o consagrada por el obispo durante la celebración de la misa, según el canon 603. Tal persona también podría ser recibida, formada y consagrada según los requerimientos de una antigua o reciente orden eremítica; o puede que permanezca siendo laica y solicitar permiso para vivir cerca o dentro de una orden o instituto, participando así de los sacramentos y de la liturgia. Sin embargo, tanto los eremitas laicos como los consagrados bajo el canon 603, invariablemente tienen que ser capaces de trabajar y de proveerse sus propios medios de sustento, su refugio y sus ingresos personales [14].

Los seis caminos de san Antonio en el mundo moderno.

Durante cinco décadas, san Antonio se dedicó a poner en práctica su ministerio local y peregrino equilibrándolo con profundos retiros de soledad. En la actualidad, no solo los eremitas laicos y consagrados, los anacoretas y solitarios, sino también muchos de los llamados a los varios ministerios de Dios (sea dentro de la Iglesia o en/para el mundo) van descubriendo y poniendo en práctica este mismo ritmo. La escucha del evangelio y el amoroso retiro hacia periodos de solitaria comunión con la Trinidad, los capacita a todos ellos para permanecer bien cimentados a la vez que renovados, efectivos para la escucha y para su afectuoso ministerio “exterior”.

Cuando era joven, san Antonio primero puso a prueba su llamado a la contemplación y la soledad: vivió durante quince años cerca de un hombre santo o abba, a orillas de su aldea llamada Coma [15]; fue éste su primer camino. Luego dejó al abba y se adentró a una completa soledad, “guardando muy bien el silencio” [16]; ése fue su segundo camino durante veinte años más. Para algunos eremitas de la actualidad, este camino extraño, confinado y escondido, bien podría ser solo una fase de formación intensa; se trataría de minuciosos años de discernimiento elegidos por Dios, en donde “enfrentarán el terror y la aspereza” [17] del camino interior (forum internum) que conduce al Señor [18]. Otros puede que vean que su vocación solitaria y reclusa termina convirtiéndose en un exclusivo servicio hasta el fin de sus días, entregándose por completo a Dios como intercesores por la Iglesia y el mundo.

Ciertos aspirantes a la vida solitaria le pidieron a san Antonio que les concediese lo que había aprendido y comprobado en la vida eremítica. Fue esto lo que lo condujo a su inesperado tercer camino: dejó su vida de infinita soledad y vio que podía vivir una solitaria e integrada comunión espiritual en medio las personas, aceptando y enseñándoles a los ansiosos buscadores de guía la manera de vivir una relación amorosa según la voluntad de Dios. Fue así que se convirtió en un abba. La actual recuperación de las tradiciones desérticas antonianas, plenamente vivida por los eremitas y explorada por los estudios que se han incorporado a la formación de dirección espiritual, nos permite acceder a las riquezas espirituales de san Antonio. Sin embargo, los intercambios que tienen lugar en internet sugieren que aún existe –en particular en los eremitas laicos, luego de su discernimiento y formación inicial- una falta de formación eremítica específica y continua. La vocación a la soledad claramente requiere de permanecer bajo la disciplina de la dirección espiritual. El patrón de vida diaria (horarium), que incluye la participación en los sacramentos y la vida de oración, un lugar de residencia, medios apropiados para un soporte financiero frugal pero suficiente, y un compromiso social y ministerio “exterior”, deben ser cuidadosamente discernidos en un continuo proceso a través del curso de toda la existencia.  

Ciertos padres y madres espirituales de la actualidad que acompañan y forman tanto a aspirantes como a quienes están afirmados a su vocación, expresan el cuarto camino de san Antonio: una forma de vida más estructurada de la relación abba-discípulo, apuntalada por la formación en la vida práctica (trabajo), la vida espiritual (la oración servicio obligatorio) y la vida social (ministerio de caridad y recreación). La obra del propio san Antonio en el cuarto camino implicaba la instrucción directa abba-discípulo, el apoderar a otros como abba, la delegación y supervisión de tareas, y la escritura. En la actualidad, las tradiciones antonianas pueden llevarse a cabo a través de la relación persona a persona, pero también a través de medios como libros, emails, redes sociales y conversaciones en internet. Hay algunos eremitas que –mientras toman parte en el ministerio de acompañamiento- se involucran en el liderazgo del carisma, tanto antes como durante la vida misma de su vocación eremítica. Algunos han trabajado en la recuperación del carisma y sus tradiciones actuando como faros a través de la escritura y de otros medios. Otros son guías espirituales o acompañan a aspirantes y eremitas ya maduros; y aun otros han fundado nuevas comunidades eremíticas o han trabajado dentro de sus órdenes religiosas para la reconsideración y recuperación de antiguas formas de vida eremítica presentes en su carisma fundacional.   

El quinto camino de san Antonio fue su ministerio itinerante a fin de animar a los eremitas solitarios y cenobitas situados en emplazamientos alejados; tarea que realizó con periodos de soledad temporal. Este tipo de ministerio, de viajar para brindar enseñanza a los eremitas, se ve reflejado en nuestro tiempo en personas como Richard Rohr. Desde su ermita, conocida como “Oriente del Edén” (por estar al oriente de su comunidad franciscana), Rohr comparte su ritmo de vida:

Cuando no estoy de viaje vivo como solitario […] con total bendición de mis superiores franciscanos y con una desconcertada comprensión por parte de los obispos […] Tales momentos son, sin duda alguna, mis grandes avances espirituales […] Esta vida despojada, silenciosa, severa, sensata y extremadamente simple pareciera decir: […] “Todo proviene de Dios. Todo se dirige a Dios. Todo lo demás no es Dios” [19].

Por último, el sexto camino de san Antonio ejemplifica la crítica necesidad de cierto activismo por la justicia, así como el fomento de la resistencia cristiana en protestas por los derechos humanos y por la libertad de culto. La tradición cristiana del activismo por la justicia está enraizada en las propias acciones de san Antonio (que a su vez están inspiradas en la vida de los profetas bíblicos y del propio Jesús), que se vieron impulsadas por el amor a Dios, a las personas y a la creación. Alrededor del mundo, son muchos los cristianos que -siguiendo a Jesús- se comprometen con los activistas en pro de la justicia y del medio ambiente, incluyendo entre ellos a eremitas y contemplativos solitarios.

Eremitas y anacoretas de la actualidad.

Los ministerios y misiones de los eremitas alrededor del mundo son, en verdad, muy [variados y] ricos. Los signos visibles de los eremitas de hoy incluyen reportajes ocasionales acerca de su consagración, recursos para tal forma de vida disponibles en la web y también materiales impresos acerca de ellos y realizado por ellos. Estos eremitas viven de forma solitaria o dentro de comunidades eremíticas, cada uno de ellos dentro de una moderna relación abba-discípulo(a) o amma-discípulo(a) que es vivida a través del acompañamiento y la dirección espiritual. En el trayecto de sus respectivas vocaciones, ellos logran expresar alguno o varios de los “caminos” de san Antonio; los cuales no necesariamente son reconocidos como tales por quienes los han heredado. No podemos escuchar las palabras y oraciones de cientos de eremitas que están ocultos y son silenciosos, pero hay algunos que escriben sobre la oración y sobre la vida de oración escondida en Dios [20]. He aquí, ahora, unas pocas historias de eremitas consagrados canónicamente dentro de la Iglesia Católica; son de diversas partes del mundo y los escucharemos según sus propias palabras, a la vez que junto a las de algunos investigadores y periodistas.

P. Eugene C. Romano.

Dentro del espíritu y realidad vivida por las comunidades eremíticas del desierto fundadas bajo dirección de san Antonio, Eugene C. Romano ha sido descrito por su obispo como un padre del desierto de la actualidad. Romano, sacerdote diocesano de New Jersey (EU), se convirtió luego en el fundador de Hermits of New Bethlehem -una asociación canónica de derecho diocesano- y su centro ha atraído a muchos aspirantes. Todos los novicios y eremitas diocesanos -tanto hombres como mujeres- viven, rezan y trabajan en su propia ermita, tal como lo hicieron los habitantes del desierto en el s. III. El padre Romano es el abba de la comunidad según disposición del obispo, quien acepta la obediencia de todos ellos según el canon 603. Aunque cada uno de estos eremitas posee su propia regla de vida, comparten determinados tiempos en común. Y todos son acompañados en su travesía hacia el amor por el P. Romano, quien escribió la declaración de la misión -aprobada por la diócesis- por la cual viven todo ellos:

Estamos llamados a vivir dentro de los misterios de Cristo, ocultos en su herido corazón delante del Padre. Vivimos una vida eremítica, contemplativa, sacrificial […] en el silencio de la soledad, alejados del mundo (a fin de estar más presentes ante sus necesidades espirituales) y consagrados por votos públicos de pobreza, castidad y obediencia [21].

Al igual que los antiguos aspirantes del desierto, estas personas son nutridas y formadas según los caminos evangélicos de san Antonio. El P. Romano escribe:

La oración en el silencio de la soledad se convierte en un portal efectivo hacia la presencia sanadora de Dios, tanto en el entorno físico como espiritual. La soledad significa estar solo con el Solo; pero únicamente en el silencio puede mantenerse la soledad [22].

Muy cerca de estos solitarios -en tierras concedidas por ellos- viven las Hermits of Our Lady of Mount Carmel, y el P. Romano es quien las supervisa. Fundado por una ex monja carmelita, esta comunidad han recuperado la tradición eremítica fundacional de la Regla de san Alberto de Jerusalén (1206-1214). Tras una rigurosa evaluación, fueron aceptadas por el prior general de la Orden del Carmelo. A través de sus respectivas historias, de su teología y práctica, y nutridos por un verdadero hijo de san Antonio, ambas comunidades se articulan y dan claro testimonio de las antiguas tradiciones eremíticas antonianas.

Hna. Carol Raffaela of the Crucified Christ.

Con frecuencia el único vislumbre que el resto del mundo tiene de alguien que se vincula a Dios de por vida según el canon 603, es el momento de su consagración. En junio del 2010, Carol Prevedello, “una completa eremita del s. XXI” que vivía en los suburbios, fue consagrada por el obispo Julian Porteus, en South Wales, Australia [23]. Para ella, fue un “verdadero instante de iluminación” el momento en que descubrió –a partir de una eremita de Tasmania que antes había sido carmelita- que era posible vivir esta forma de vida de entrega total a Dios a la vez que seguir cuidando de su enferma madre: “Creo que siempre estuvo en mí. Cuando era adolescente, solía decirle a mi mamá: ‘Voy a escalar una montaña y nunca voy a bajar’” [23].

Raffaela conduce su vida bajo reglas estrictas aprobadas por el cardenal George Pell. Su día comienza antes del amanecer para dedicarse a la oración, acude a misa a diario y a lo largo de la jornada continua con sus plegarias. Habla lo menos posible a fin de atender su oración interna dirigida a Cristo y limita sus contactos a su familia y a unos pocos amigos; salvo cuando lo considera necesario en virtud de la caridad o la necesidad.

P. Eugene Stockton.

El sacerdote Eugene Stockton es también australiano, alguien cuya vida ha sido descrita como “una gracia concedida a la nación” [24] y quien comenzó su camino preguntándose: “¿Cómo es que un laico puede equilibrar las exigencias laborales y familiares junto a la vocación solitaria?”. Y concluyó lo siguiente:

De hecho, he podido encontrarme con quienes lo han logrado de manera exitosa; y no hay ninguna duda de su gracia para la soledad y de su efectiva gestión de las exigencias de la vida. Así como la teología ortodoxa habla de la transfiguración del místico, también se podría decir que el entorno mismo se ve transfigurado por éste. Teilhard de Chardin lo denominó: el medio divino; es decir, nuestro entorno natural se llena de Cristo. Gracias a la fe, hallamos a Cristo en todo lo que nos rodea, en el corazón de la materia, en el corazón del otro [25].

La investigación de Stockton sobre los eremitas laicos logró clarificar su propia vocación al eremitismo siendo un sacerdote. Ya la infancia de su travesía espiritual comenzó en una profunda soledad, en una íntima relación cultural con el entorno natural, el cual permanece estando en el núcleo mismo de su comunión con la espiritualidad aborigen [26].

He pasado bastante tiempo en el monte […] desapercibido […] desconocido para los demás […]  El monte es desafiante. El monte no es nada hermoso en cierto sentido, es bastante perturbador; creo que realmente logra agitar algo dentro de nosotros [27].

Este tema relacionado con el campo, que es integral a la cosmología y la espiritualidad aborigen, es un importante contexto para el eremitismo del desierto en Australia [28]. Hay otros eremitas que han escrito acerca de su profunda conexión con el “campo”, sobre su exploración de tal paisaje y sobre su sentido del lugar, haciéndolo a través de una cosmología cristiana en deuda con la aborigen. El desterrado eremita-sacerdote de Irlanda, Dan O’Donovan, ha reflexionado sobre la espiritualidad aborigen del Arco Iris, entrelazando su camino cristiano con el antiguo camino del campo (región en la que vive desde 1972); ha logrado reunir su propia herencia céltica sobre el sentido del lugar con la herencia aborigen sobre el sentido del “campo”: “La espiritualidad es la teología que se vive”, sostiene [29].

A causa de todas las distorsiones, malinterpretaciones y proyecciones que rodean a la palabra “ermitaño” (y aun cuando él es un eremita-sacerdote católico que se ha consagrado según el canon 603), Stockton aconseja el uso del término “habitante del bosque” para designar al solitario (de hecho, él vive en el bosque de Blue Mountains). La tradición del “habitante del bosque” es antigua en la ortodoxia rusa y –tal como lo afirma- es también el tercer estado de vida en el hinduismo [30]. Sobre su vida en el bosque, sostiene que:

Soy capaz de realizar las aspiraciones espirituales de mis días de juventud, aquellas por las que buscaba vivir a solas con Dios y solo por Dios. Puedo enfrentar a la muerte de una manera saludablemente robusta. La consagración, los votos y el plan de vida vienen a establecer lo que hoy es una forma de vida dentro de algo más definido, concreto y comprometido. Se trata de un hecho que completa a mi sacerdocio [31].

P. Charles Brandt.

El P. Charles Brandt, hoy nonagenario, ha sido eremita-sacerdote durante seis décadas, además de conservador de archivos, artista, activista por la justicia y el medio ambiente, y escritor. Actualmente vive en Oyster Creek, en Vancouver Island (Canadá), en donde se dedica a la tarea conservacionista buscando mantener las aguas del río libres de contaminación y preservando su biodiversidad. Brandt es descrito como un hombre silencioso y académicamente preparado. Durante los años 50 fue un eremita de la Iglesia de Inglaterra, luego un monje cisterciense y más tarde, desde 1967, un eremita-sacerdote dentro de la Iglesia Católica. En su libro Meditations from the Wilderness, dice:

Estoy interesado en la conservación en tres niveles: para restaurar y preservar el espíritu contemplativo del hombre (en general); para restaurar lo que fluye del espíritu del hombre (lo que él es capaz de crear con tintas o de manera artesanal); y para restaurar y preservar a la tierra. Si no hacemos esto, no tendremos nada [3].

El hermano Dismas Mary of the Cross.

En enero del 2010, el hermano Dismas Mary of the Cross, quien anteriormente había sido un trabajador humanitario de Norteamérica, se convirtió en el primer eremita diocesano de Gambia, África.

Me encontraba de vacaciones en mi Estados Unidos natal cuando Dios me llamó para este servicio (de manera bastante dramática); así que al regresar […] opté por renunciar a mi trabajo. Cuando me preguntaron por qué lo hacía, se los expliqué y simplemente tuvieron ataques de risa, se preguntaban cómo era posible que Dios llamase a un evidente pecador como lo era yo [34]. 

En su blog Blue Hermit, dice: “mi vida está dedicada a la oración, la contemplación y el cuidado de los pobres que están enfermos, quienes vienen a mi ermita a diario” [35]. Dismas también se dedica a solicitar recursos para estas personas y escribe bastante en su blog, con reflexiones que se basan en el calendario litúrgico y respondiendo por email a las preguntas que le hacen sobre el eremitismo, así como concediendo sus enseñanzas y pensamientos al respecto.

Hna. Laurel O’Neal.

La hermana Laurel O’Neal, er.dio. [abreviatura de: eremita diocesana], es una doctora en teología y directora espiritual que se consagró en el 2007, momento en que comenzó también su blog de información, fomento y alimento espiritual: Notes from Still Song Hermitage. Mientras responde a las preguntas de los lectores, ella describe la travesía interior del eremita y su relación con el mundo exterior de la siguiente manera:

En cierta manera, la ermita proporciona un contexto esencialmente tranquilo para las luchas más profundas destinadas a hacer de uno un verdadero ser humano […] Aquí, uno trabaja sobre la destrucción de cualquier tipo de discrepancia entre rol e identidad, aprende a ser verdaderamente transparente ante Dios y ante sí mismo, así como –en un grado prudente y pastoral- ante el otro [36].

O’Neal es miembro fundador de la pequeña red digital de eremitas diocesanos:

Una red de apoyo y de recursos para los eremitas católicos que han profesado sus votos de acuerdo al canon 603. Los miembros reflejan una amplia variedad de antecedentes, dones y nacionalidades, y nuestra espiritualidad se manifiesta como una expresión contemporánea de la tradición del desierto. A través de esta red, esperamos que la Iglesia Católica se haga más consciente de nuestra vocación única, a la cual reconocemos como responsabilidad y como don [37].

Hna. Janet Strong.

Al igual que Laurel O’Neal, Janet Strong también es de los Estados Unidos y se vale de la presencia a través de internet para enfatizar el hecho de que los eremitas no son reclusos sino que están comprometidos con el mundo, según le es permitido a cada uno de ellos a partir de su regla aprobada. Strong, cuya teología es de formación franciscana, ha sido eremita diocesana durante treinta años. Ella describe su vocación incluso en LinkedIn:

Mi vocación es rezar por la paz, especialmente por la de quienes miden su seguridad a partir de lo lejos que se encuentran de la violencia. La violencia puede ser exterior, como es el caso de muchas guerras, de los cárteles de la droga, de la creciente violencia de género y la religiosa, según lo vemos en la actualidad; pero también puede tratarse de la violencia interior que nos autoinfligimos de muchas formas. Por otra parte, también me dedico a acompañar a quienes están buscando una profunda relación con Dios y ofrezco retiros bajo dirección individual [38].

P. Nicolas Buttet.

Ex abogado y político, el eremita-sacerdote francés: Nicolas Buttet, es hoy un estudioso, autor, líder de comunidad y director espiritual. Buttet fue un eremita laico entre 1992 y 1997, mientras escribía y reflexionaba sobre el modo de vida eremítico. Luego de aquellos años de aislada soledad, se convirtió en líder de una comunidad generativa y pionera; lo hizo mientras mantenía su soledad interior y de comunión, a partir de la cual emergía la fuerza para su ministerio. En 1998 creó la Eucharistein Community, una entidad que se dedica a diversos ministerios y que tiene como carisma la abierta recepción de los adictos. Buttet fue ordenado en el 2004, tras verse inspirado por la exhortación apostólica de Juan Pablo II, Ecclesia in Europa. Ese mismo año, fundó el Philanthropos Institute en la University of Fribourg, en Suiza. Dirigido por un cardenal, este instituto busca proveer a los estudiantes de “una visión integrada de la antropología cristiana a la luz de los desafíos que confrontan a la persona humana en la sociedad contemporánea” [39]. Y el vástago de esta entidad, la Ecophilos Foundation, tiene como objetivo convocar a los representantes de las corporaciones “para que puedan ver de verdad a la persona humana que está trabajando” [40]. Buttet todavía escribe y publica con frecuencia -a menudo en colaboración- y es director espiritual del arzobispo de Canterbury, el anglicano Justin Welby.

Mary Kloska.

“Sí, mi hermana es eremita. No, no es tímida; no estoy diciendo eso”. Mary fue consagrada en una pequeña iglesia católico-polaca de Estados Unidos, tras haber estudiado teología en la Notre Dame University (en Indiana) y luego de haber sido trabajadora humanitaria en Siberia y Asia.

Su vida es un recorrido que fue convirtiéndose en una búsqueda por “aquel a quien mi corazón ama” (Cant. 3:4). Kloska fue consagrada en el 2011, en la fiesta de santa Mónica (madre de san Agustín de Hipona). Durante la misa, el obispo dijo:

Tenemos una grandiosa razón para regocijarnos, pues Mary se ha convertido en la primera eremita profesa de la diócesis […] Mary está abrazando un sitial en la vida por el que se separará de muchas maneras del mundo para estar más unida al Señor Jesús.

Y animando a la familia de la eremita, el obispo prosiguió: “Quédense tranquilos que todavía podremos hablar con ella, pero la mayor parte de su tiempo la pasará en oración”. En cuanto al sentir de Mary:

[…] solo al transcurrir todo ese tiempo con Jesús podrá él llenar mi corazón con su amor, un amor más grande que la noción de “amor” de este mundo, pues es un amor que soportará el sufrimiento y la muerte. Este es el tipo de amor que él quiso que yo compartiera con el mundo [41].

Esperanza en el futuro.

Hace cuarenta años se realizó un histórico encuentro entre el Papa de la Santa Sede de san Marcos (la Iglesia Ortodoxa Copto-Egipcia) y el Papa de la Santa Sede de san Pedro (la Iglesia Católica Romana). En tal ocasión se reconoció la gran deuda que toda la cristiandad mantiene con los cristianos del eremitismo y el monaquismo egipcio, sean éstos de orígenes solitarios o cenobíticos.

Dos décadas más tarde, S.S. el Papa Shenouda III [42], habló sobre el fruto de “la sosegada y delicada voz” del monacato egipcio, una voz de hacía ya dieciséis siglos [43]. Observó la manera en que las tradiciones eremíticas de san Antonio –documentadas inicialmente por uno de sus predecesores papales: san Atanasio- habían permanecido a lo largo de las centurias, siendo transmitidas a cada aspirante y discípulo por cada uno de los abbas y ammas formados en la santidad cristiana.

No obligamos a ningún monje a llevar un determinado tipo de vida. Si alguien quiere vivir en el monasterio como parte de la congregación, está bien. Si alguien quiere llevar una vida de soledad dentro del monasterio, eso también está bien. Y si alguien quiere una solitaria celda fuera del monasterio o próxima a las colinas, eso también estará bien. Y si todavía hay alguien que quiera vivir en una cueva, tendrá el permiso para irse a vivir a esa cueva. Tenemos todo tipo de monaquismo [44].

Hemos visto que en el s. XXI existe “el gozo y la esperanza” de un pleno florecimiento de todo tipo de monaquismo y eremitismo; también en la Iglesia Católica Romana. En mayo del 2014, el Papa Francisco habló imprevistamente sobre ciertas personas consagradas, haciéndose eco de las palabras de Juan Pablo II:  

Puede que la vida consagrada experimente cambios posteriores en su forma histórica, pero no tendrá ningún cambio en su sustancia: ser una elección que encuentra expresión en una entrega radical del ser por amor al Señor Jesús; y en él, por todo miembro de la familia humana […]  ¿Cómo es que no podemos invocar con gratitud al Espíritu por las muchas formas de vida consagrada que ha erigido a lo largo de la historia y que todavía existen en la Iglesia de hoy? La elección de una total autoentrega a Dios por medio de Cristo de ninguna manera es incompatible con alguna cultura humana o situación histórica [45].

Tal como él nos lo ha recordado en el Año de la Vida Consagrada: “La radical vida evangélica no es solo para los religiosos, se nos exige a todos” [46].


Carol McDonough se integró al Victorian Honour Roll of Women (2008) debido a sus innovaciones en servicios humanos en las áreas de justicia juvenil y salud mental comunitaria. Antes estuvo en el equipo académico de la Australian National University y en otras instituciones terciarias. Es una solitaria rural y ahora está completando su investigación acerca de los eremitas de la actualidad (en las comunidades eclesiales de oriente y occidente), en la University of Divinity, Australia.  

“Agradezco a todos los eremitas y a aquellos que escriben sobre los mismos, así como a mi consejero, el Dr. David Gormley O’Brien, al Hno. Dr. Camillus Parkinson y a Mark Slattery”.

1. Véase la carta apostólica del Papa: “A todos los consagrados en ocasión del Año de la Vida Consagrada”. Versión online, recuperado el 20 de abril del 2015:
2. Véase el New Advent Catholic Encyclopaedia, recuperado el 20 de abril del 2015:
Y también: William Harmless, Desert Christians: An Introduction to the Literature of Early Monasticism (Oxford: OUP, 2004); Alexander Ryrie, The Desert Movement: Fresh Perspectives on the Spirituality of the Desert (Norwich: Canterbury, 2011); y mi trabajo: ‘Christian Hermits and Solitaries: Tracing the Antonian Hermit Traditions’, The Way, 54/1 (Enero 2015), pp. 76–89.
3. Para observar las diferencias y lugares del eremita laico y del consagrado dentro de la Iglesia Católica Romana, véase a Therese Ivers, Why Become a Canonical Diocesan Hermit? (Julio del 2008), recuperado el 20 de abril del 2015:
4. Véase a Rotha Mary Clay, The Hermits and Anchorites of England (London: Methuen, 1914); Jeremy Hall, Silence, Solitude, Simplicity: A Hermit’s Love Affair with a Noisy, Crowded, and Complicated World (Collegeville: Liturgical, 2007); y a Isacco Turina, The Hermit’s Knowledge, recuperado el 20 de abril del 2015:
5. McDonough, Christian Hermits and Solitaries.
6. Código de Derecho Canónico, nn. 573–606; recuperado el 20 de abril del 2015:
7. Código de Derecho Canónico, n. 603.
8. Cursiva original. Juan Pablo II, Vita Consecrata, n. 7.
9. La vida eremítica, Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 920–921. Recuperado el 20 de abril del 2015:
10. Hall, Silence, Solitude, Simplicity, p. 87.
11. Bernadette Flanagan, Embracing Solitude: Women and New Monasticism (Oregon: Cascade, 2014), p. 15. Véase también a Kristin Aune, “Feminist Spirituality as Lived Religion: How UK Feminists Forge ReligioSpiritual Lives”, Gender and Society, 29/1 (Febrero del 2015), pp. 122–145.
12. Un Instituto de Derecho Diocesano es aquel que “permanece bajo el especial cuidado del obispo diocesano” (Código de Derecho Canónico, n. 594).
13. Prólogo de la Regla de san Benito.
14. En la actualidad, la compilación más práctica sobre los documentos preparatorios y los recursos necesarios para quienes consideran haber sido llamados a la vida solitaria y aspiran a la recepción del canon 603, es la obra de Marlene Weisenbeck, Guidebook to Eremitic Life (La Crosse: Diocese of La Crosse, 1997). Pueden solicitarla a la diócesis.
15. Un abba o amma es un hombre o mujer santos que viven en soledad y silencio, en comunión con Dios, y a veces formando discípulos.
16. North American Jesus Caritas Communities, ‘The Spiritual Family of Brother Charles’, disponible en (recuperado del 26 de abril de 2015):
17. Simon Holden, ‘Discernment of Vocation to the Solitary Life’, en la obra de Maggie Ross, Pillars of Flame: Power, Priesthood and Spiritual Maturity (Londres: SCM, 1987), 206–207 (apéndice B).
18. Véase a Pío XII, Provida Mater Ecclesia, n. 14 [error, véase el n. 8], disponible en (recuperado el 26 de abril del 2015):
19. Richard Rohr, “Foreword”, en la obra de Paul and Karen Fredette, Consider the Ravens: On Contemporary Hermit Life (Bloomington: iUniverse, 2008), p. xvi.
20. Una excepción es André Louf; véase Teach Us to Pray: Learning a Little about God (London: Darton, Longman and Todd, 1974); y también “Solitudo pluralis”, en Solitude and Communion: Papers on the Hermit Life, editado por A. M. Allchin (Oxford: Fairacres, 1977), p. 21.
21. Eugene C. Romano, ‘Mission Statement’, Hermits of Bethlehem in the Heart of Jesus, disponible en (recuperado el 26 de abril del 2015):
Véase también a Bernadette McNary-Zak, Seeking in Solitude: A Study of Select Forms of Eremitic Life and Practice (Eugene: Pickwick, 2014), pp. 87–101; y a Eugene C. Romano, A Way of Desert Spirituality: The Plan of Life of the Hermits of Bethlehem, Chester, New Jersey (New York: Alba House, 1998).
22. Eugene C. Romano, ‘Desert Experience’, disponible en (recuperado el 26 de abril del 2015):
23. “The 21st Century Hermit Devoted to God”, CathNews del 27 September 2010, disponible en (recuperado el 26 de abril del 2015):
24. Anne-Maree O’Beirne, “Eugene Stockton: A Life’s Work: A Gift to the Nation”, Catholica, disponible (recuperado el 27 de abril del 2015):
25. Eugene Stockton, “Lay Hermits”, Compass, 34/2 (2000), pp. 46–50, disponible en (recuperado el 27 de abril del 2015):
26. Véase a Eugene Stockton, Aboriginal Gift: Spirituality for a Nation (Alexandria, NSW: Millennium, 1996); Eugene Stockton, ‘Mysticism in the Australian Environment: Calls to a New Consciousness’, Compass, 36/4 (Summer 2002), disponible en (recuperado el 27 de abril del 2015):
Y también, Eugene Stockton, Wonder: A Way to God (Strathfield, NSW: St Pauls, 1998); Eugene Stockton, ‘The Dreaming in Australian Aboriginal Culture’, The Way, 40/2 (Spring 2000), pp. 148–156.
27. “Wellspring: A New Australian Spirituality”, producido por Geoff Wood y Rachael Kohn, A Spirit of Things (ABC Radio National, Sydney, 07 de noviembre del 2004), transcripción disponible en (recuperado el 27 de abril del 2015):
28. Véase el Blue Mountains City Council: Aboriginal Cultural Protocols, disponible en (recuperado el 04 de mayo del 2015):
29. Dan O’Donovan, The Beyond Is Near: A Rainbow Spirituality, disponible en (recuperado el 04 de mayo del 2015):
30. El milenario dharma-shastra considera que la vida humana avanza desde la juventud (brahmacharya o etapa de preparación) a la adultez (grihastha o el trabajo en beneficio del mundo mientras se es un padre de familia), luego vienen los años de mayor edad (vanaprastha o vida de retiro a fin de liberarse de los lazos sociales) y finalmente la vejez (sannyasa o la atenta espera de la liberación).
31. Eugene Stockton, Forest Dweller, disponible en (recuperado el 04 de  mayo del 2015):
32. Charles Brandt, Meditations from the Wilderness: A Collection of Profound Writing on Nature as the Source of Inspiration (Toronto: HarperCollins, 1997); véase también su principal biografía:
33. Véase la siguiente página web (recuperado el 04 de mayo del 2015):
34. Citado por Augustine Kanjia, “Gambia Gets First Hermit”, The Point (20 January 2010), disponible en (recuperado el 04 de mayo del 2015):
35. Véase la página (recuperado el 04 de mayo del 2015):
36. Laurel O’Neal, On Struggle, the Peace of Christ, and Authenticity in Eremitical Vocations, disponible en (recuperado el 04 de mayo del 2015):
37. Network of Diocesan Hermits (recuperado el 04 de mayo del 2015):
38. Véase la página (recuperado el 04 de marzo del 2015):
39. Yves Semen, Qu’est-ce que l’humanisme chrétien?, disponible en (recuperado el 04 de mayo del 2015):
40. Véase la siguiente página (recuperado el 04 de mayo del 2015):
41. Las citas son de la obra de Theresa Thomas, “My Sister the Hermit”, Integrated Catholic Life, disponible en (recuperado el 04 de mayo del 2015):
42. Su Santidad Shenuda III, fue el 117 Papa copto de Alejandría y patriarca de toda África de la Santa Sede de san Marcos el Apóstol, durante el periodo 1971-2012.
43. Shenouda III, Monasticism in Egypt, discurso concedido como apertura del “A Still, Small Voice: Sixteen Centuries of Egyptian Monasticism”, en la Washington National Cathedral, el 15 de marzo de 1992. Disponible en (recuperado el 04 de mayo del 2015):
44. Shenouda III, Monasticism in Egypt.
45. Juan Pablo II, Vita Consecrata, n. 3.
46. Papa Francisco, A todas las personas consagradas, 2. 2.



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